Las prisas no son buenas…

Esta expresión de que “las prisas no son buenas” la debe saber todo el mundo muy bien menos yo porque claramente ayer dejé constancia de que no he aprendido nada del refrán.

El metro que perdí

El metro que perdí

Me las veía yo muy felices saliendo de la Academia escopetada hacia el Metro para coger el que viene un poquito antes para llegar al tren que va a casa antes y poder estar en Lissone a una hora decente y no pasar miedo en el tren solita a esas horas tan tardías. Pues la primera en la frente… salgo corriendo hacia el Metro ¿Para qué? Para nada, porque se me va frente a mis narices y me deja esperando nada más y nada menos que 8 minutazos y medio de mi tiempo. Aún así, tenía esperanzas de que se hubiese retrasado algún tren y yo pudiera llegar a tiempo.

Me voy a Porta Garibaldi sin más dilación y percibo que hay un tren hacia Saronno. Yo recordaba ese nombre porque es el que cojo cuando me monto en el tren cuando no estoy en Porta Garibaldi así que me dije: “qué bien! qué suerte la mía!”. Como una bala  me voy a buscar desde dónde sale y resulta que es desde un binario nuevo del que yo antes no he cogido nunca trenes para ir a mi casa. Sin embargo, ¿creéis que me importó? ¿Pensáis que me dije: a ver si por algún casual aunque el destino es el mismo no hacen el mismo recorrido y este tren no pasa por mi casa? En absoluto lo pensé hasta que corriendo me metí en el metro, las puertas se cerraron detrás de mí y pregunté: “Disculpe, ¿este tren pasa por Lissone verdad?” y unos hombres muy amables me dijeron: “No”.

Ahí se me cambió literalmente la cara. Busqué el botón para abrir la puerta… pero era tarde. Estaba atrapada en un tren que no sabía qué recorrido hacía, estaba cansada, tenía hambre y sueño y me iba a no se donde pero no a mi casa… estaba perdida… Me inundó el pánico. Entonces los señores tan amablemente me dijeron que me bajara en Bovisa que había un tren hacia Lissone y yo no podía dejar de pensar… “si en Porta Garibaldi no hay ni Dios, no quiero imaginarme en Bovisa cómo estará la cosa”. Entonces recurrí al comodín de la llamada… y llamé con terror a Mr. Paulson.

-Hola, ¿qué tal?

-Hola! Pues muy mal…

-¿Qué pasa?

-Me he perdido… me he subido en un tren que no era…

-¿Cómo que te has subido en un tren que no era?… A ver… voy  a buscarte, dónde estás?

Llamando en momento pánico

Llamando en momento pánico

-No lo se… estoy perdida…

– Qué parada acabas de pasar…

-No lo sé! No lo he visto… estoy perdida… y es super tarde… me han dicho que me vaya a Bovisa… estoy en el treno de Saronno

-¿que te has ido hasta Saronno????

-Noooo… voy a bajarme en Bovisa y ahí ya veré qué se puede hacer… a ver… mírame qué trenes hay en Bovisa a ver a dónde puedo ir pero NO ME CUELGUES QUE ME DA MIEDO!

Al final, tuve que coger un tren, volver a Porta Garibaldi, coger otro tren, llegar a Monza y allí me esperaba Mr. Paulson con su carruaje para llevarme a casa a las tantas de la tarde-noche.

Lo dicho: las prisas no son buenas.

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