Descubre el Castello de Grazzano Visconti

Castello

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Últimamente hablo mucho de la Edad Media pero  olvidáos de todo lo que he dicho anteriormente. Todo aquel que quiera volver a sentirse en esa época tiene como visita obligada ir a ver el Castello de Grazzano Visconti, cerca de Piacenza.

Es una mini ciudad totalmente medieval, se respira la época en sus calles y sus tiendas. De hecho, aunque se contruye en 1395, en el 1900 se reestructura todo y se queda como lo podemos ver hoy en día, es decir, está como nuevo, como si se hubiese construido ayer pero todo en estilo medieval.

No os llevará mucho tiempo recorrerlo ya que es una ciudad pequeña dentro de sus murallas, pero tendréis el gusto de pasear por sus calles, ver la iglesia interna, ver el castillo por fuera (es de propiedad privada), los jardines que se ven con visita guiada y hasta un museo con antiguas herramientas usadas para labrar los campos.

Y ahora un poquito de historia y de leyenda… el castillo y su remodelación en la ciudad lo manda hacer el duque Gian Galeazzo Visconti, quien fuera Señor de Milán y de otras ciudades del Norte. Como el símbolo de los Visconti (ya os hablaré de ello en un post que tengo pendiente) es el Biscione (reptil que se come a un hombre) lo encontraréis por todas partes dentro de la ciudad.

El Fantasma de Aloisa

El Fantasma de Aloisa

Y como ya sabéis que todo castillo tiene su propio fantasma, éste no podía ser menos. El Castello de Grazzano también tiene su propio fantasma pero mucho miedo no da y no es para nada hostil. Se cuenta que en el Castello existe un ser fantasmal que representa a una dama de nombre Aloisa. Esta dama era la esposa de un capitán de la milicia que fue traicionada por su marido y murió de dolor y celos. Desde entonces, su espíritu merodea por los bosques y la ciudad del castillo. Tiene incluso su propia estatua, se trata de una mujer rechoncha en piedra que esculpió el propio duque ya que se le apareció y le guió para que le hiciese un retrato. Con el tiempo, su figura se convirtió en la protectora de los enamorados y es por eso que las parejas van hasta su estatua para dejar alguna ofrenda (a veces chicles y esa manía de los italianos aún no he conseguido entenderla, en Verona los monumentos también tenían multitud de chicles pegados).

Y por último, para aquellos compradores compulsivos esta visita les vendrá bien para comprar algún objeto de hierro, cerámica o madera que en esta zona se trabaja de forma tradicional.

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